El origen

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Toda historia tiene un origen. La nuestra empieza en Arbeca.

En Arbeca, el pueblo de la comarca de Les Garrigues que dio el nombre a las olivas arbequinas, es donde desde hace 30 años la familia Romà tenemos la finca de los olivos de donde nace el aceite dauliba. No obstante, antiguamente no había ni un árbol. Esta finca era de donde extraíamos los áridos de nuestra empresa constructora Romà Infraestructures. Una vez agotada la extracción de los áridos del campo, la familia decidió dar continuidad y valor a la finca mediante la restauración de la misma y la posterior plantación de olivos, haciendo así realidad nuestra pasión por el cultivo de las olivas arbequinas y la creación de aceite de oliva virgen extra de calidad. Así empezó todo.

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Del sueño de la familia Romà a la creación de un producto único.

Teníamos claro el que queríamos, la concepción de un zumo, un aceite exprimido sin hueso, hecho de pura pulpa y que al probarlo nos transportara al campo y al aroma de las olivas recién cosechadas. Pero es evidente que para hacer un aceite diferente, hay que dedicar esfuerzos e investigar durante suficiente tiempo hasta encontrar la fórmula. Y sobre todo, hay que disponer de la adecuada sofisticada maquinaria. Finalmente lo teníamos. Una máquina creada especialmente para nosotros que separa el hueso entero de la carne, y posteriormente extrae el zumo de la oliva.

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Sólo con cuidado y amor se puede hacer un gran producto

Dauliba es un aceite ecológico y de cosecha temprana. Para hacerlo, cosechamos las olivas arbequinas cuando están en su fase inicial de maduración para potenciar al máximo el sabor y sus propiedades saludables. Una de ellas podría ser el alto nivel de polifenoles, los cuales son micronutrientes con efectos antioxidantes y antiinflamatorios. Además, cosechamos a primera luz porque las olivas estén siempre en baja temperatura por debajo de 22 grados hasta la llegada a la almazara, así conservamos mejor sus calidades y obtenemos un mejor aceite.

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El origen del nombre y de la botella

En Lleida llamamos “auliva” a las olivas, una expresión que forma parte de la tradición y que hemos querido recoger en nuestro aceite. Añadiendo la “b” de las arbequinas y de Arbeca y dando así armonía a la grafía, creamos el nombre de dauliba. Un auténtico zumo de auliva. El diseño de la botella representa la reinvención de un producto tradicional como es la oliva con el toque de innovación que el proceso de producción de dauliba representa. Una oliva de siempre, pero desestructurada. En el diseño la oliva desprende dos alas. La superior representa la extracción del hueso, y la inferior el zumo que cae de la oliva después de esta extracción. Un diseño llamativo y atrevido que nace de la profunda inspiración, y sobre todo, de la pasión.